Así se forma la autoestima: y no es cómo crees

Se dice, que la autoestima se construye desde las edades tempranas, es decir cuando somos pequeños, y muchos psicólogos lo achacan a la imagen que nos dan de lo que somos. Y es cierto, que los ojos con los que nos miran es importante para nuestro autoconcepto, pero no únicamente eso forma nuestra autoestima, y además no sólo se queda en lo que nos dijeron entonces, porque si no, estaríamos muy determinados, y crecer se puede, y en autoestima también.

La autoestima, o el concepto idealizado que querría tener de mí, o lo que yo sería si… nunca va a depender de lo que tienes, de lo que sabes o de lo que eres, va a depender siempre de cómo te ves, de lo que quieres ser desde tu ser profundo, del concepto que tienes de ti,y sobre todo del valor que te das. Va a depender de tus experiencias., de qué has hecho con ellas, de cómo estás de conectado contigo y con tu propósito o misión de vida, de cuánto apuestas y trabajas para cuidarte, quererte o valorarte. Es importante para nuestra autoestima, sentirnos útiles. La autoestima para mi es ese concepto que creemos que solamente querernos y valorarnos, pero en realidad habla de toda la relación que tienes contigo mismo y con el mundo, la autoestima sería un todo en cuanto a conexión, conducta, relaciones, actitud y amor.
Por eso este mágico y a la vez desconcertante concepto varía tanto de una persona a otra y no se rige por reglas económicas, físicas, o materiales. Depende del valor que yo me doy, de lo que siento y pienso que valgo y de lo que siento y creo que puedo aportar al mundo, de ese amor interno por uno mismo, pero que no es la vanidad ni el egocentrismo, sino la complicidad con uno, el sentimiento de amor propio, de cariño hacia uno mismo, es volver a nuestra casa interna, y darnos un abrazo tierno como se lo daríamos a alguien que nos genera ternura y amor.

Y además la autoestima es como la felicidad, tiene una cierta estabilidad en el tiempo porque no depende tanto ni únicamente de los hechos que nos suceden, sino de nuestra actitud, y de nuestra conexión con nosotros, y puede mejorar y empeorar según nuestra actitud. Pero es importante saber que las emociones que son más volátiles van también a hacer que algunos uno no se vaya a ver bien o se va a sentir torpe, y no por eso nuestra autoestima se verá perjudicada. Puede incluso resultar lo contrario que a veces estas experiencias nos hagan crecer más, nos hacen más fuertes y nos hacen resilientes.

Por lo tanto las experiencias difíciles o llamadas negativas en la vida, pueden también resultar muy potenciadoras de nuestra autoestima si sabemos comprender e interpretar aquello que nos sucede como una experiencia para fortalecernos y crecer.

La autoestima además no es un constructor fijo ni estable, va cambiando, se va formando con las experiencias, en realidad es algo que engloba al ser entero, y una persona puede sentirse muy valiosa por ejemplo en su trabajo, y en su capacidad intelectual y estimarse mucho, y por el contrario puede sentirse muy poco hábil para las relaciones personal y en ocasiones evita o no está dentro de sus preferencias el hecho de estar con otras personas… La autoestima también necesita de madurez, de consciencia, de querer evolucionar, si deseamos desarrollar nuestra valía y autoconcepto.

Te enseño el cambio para aprender a quererte

Aprende a quererte. Los actos de amor hacia uno mismo son los más importantes o primeros para comenzar a cultivar la autoestima, y esto se consigue practicando algunas acciones diariamente: amabilidad y autocuidado como primer gesto de amor hacia uno mismo. El autocuidado no es un acto egoísta, es simplemente el manejo adecuado del único don que tengo, el don por el que estoy en el mundo para ofrecer a los demás, como decía Parker Palmer.
Tratarse bien a uno mismo no quiere decir que seamos personas egoístas, de hecho, es necesario para el bienestar personal. Así que, para no sufrir más de a cuenta, hay que tomarse un tiempo para uno mismo y tratarse con cariño. Estos son 10 consejos para mejorar tu autoestima:

  1. Cuídate por dentro: aliméntate nutriéndote, atiende a lo que comes, bebes… y no para sentirte mal, sino para ser consciente de lo que haces y decidir lo quieres hacer. Una vida con equilibrio donde uno se cuida, también atiende a ratos de goce. Medita, camina, muévete, ríe, respira, duerme, baila…¡Vive!
  2. Cuídate por fuera: estamos en un momento muy visual y lo que vemos nos trasforma mucho. Es terapéutico que te veas bien, y esto no quiere decir que se responda a canon de belleza, se trata de que tú te veas bien, te gustes y te sientas cómodo en tu piel. ¡Mímate!
  3. Cultívate: es importante darle alimento a nuestro intelecto, el conocimiento aporta satisfacción, seguridad y enriquece de alguna manera ya que nos ayuda a discernir.
    Lee, ve al cine, estudia, haz algún curso que te guste. Cultiva tu jardín interior y te dará bellas flores.
  4. Siéntete útil: la sensación de utilidad es de las que más eleva nuestra seguridad y amor hacia nosotros. Alguien útil, feliz de servir a la vida conscientemente, se quiere mucho, y esto es un regalo. ¡Participa!
  5. Atiende a tu lenguaje expresivo y a los mensajes que te das. Observa cómo te hablas, si tienes un lenguaje muy autocrítico, exigente, imperativo, amable, complaciente. ¿Qué tipo de palabras usas con los demás, eres la misma persona contigo que con los demás? Sabes decir no, etc… ¿Cómo te hablas? El lenguaje configura mucho el pensamiento y por consiguiente modifica la química del cerebro que deriva en nuestras emociones. De ahí que te des mensajes positivos, que sean realistas, si algo no salió bien , no te castigues, di “la próxima vez lo haré mejor”.
  6. Ponle humor a tu vida: un signo de madurez como se suele decir es poder reírse de uno mismo. Pero además reírse de uno mismo lleva consigo muchas más cosas. Reírse de uno mismo es aceptarse, reírse de uno mismo es conocerse, reírse de uno mismo es haber trascendido y superado los sentimientos de heridas pasadas, reírse de uno mismo también es quererse, reírse con uno mismo es divertirse, reírse de uno mismo aporta ligereza, y nos dota de no sentir la presión de estar y ser siempre perfectos, y reírse de uno mismo ayuda a ser más feliz.
  7. Especialízate en amabilidad y aceptación. Para una buena autoestima es necesario que te aprecies, que seas amable contigo, que te gustes, que te quieras a ti mismo y que seas tu propio cómplice de cambio y de vida.
  8. Encuentra tus fortalezas: todos las tenemos, aprende a reconocerlas, y disfruta de ellas al tiempo que refuerzas tu autoestima.
  9. Toma la responsabilidad. El camino de tu vida lo crea tu recorrido, tus experiencias, tus relaciones, y tu vida. Cada persona elegirá su camino par ser feliz, tener una fuerte autoestima y desarrollar su potencial, tú y únicamente tú eres el responsable de tu cambio y evolución, así que ¡ponte manos a la obra!
  10. Comparaciones, solo contigo mismo. Sé tu propia referencia y no te compares con nadie. Si quieres mejorar tu autoestima debes aprender que tu vida es cosa tuya. Trata de cambiar lo que no te gusta, y recuerda que la tu autenticidad es lo que más único y especial te hace.

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